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Ball pagès, un ritual ancestral en plena forma

El ball pagès es el baile típico de las Pitiusas y uno de los acerbos culturales con más peso específico de las islas. Su colorido, su ritmo y su coreografía parecen trasladarnos a épocas y lugares remotos aunque, en realidad, sus orígenes son del todo inciertos.

Sí se sabe, por ejemplo, que la extrema diferenciación de roles entre el hombre y la mujer y el ritmo que acompaña el baile podría reflejar influencias de ritos paganos arcaicos que se consolidaron en el ámbito rural a lo largo de los siglos. En la era moderna el ball pagès se celebraba en las casas payesas con motivo de las celebraciones más destacadas, como bodas, matanzas, fiestas de pueblo y festes de pou. Hoy, este patrimonio inmaterial vive una época de esplendor con múltiples actividades y exhibiciones dentro y fuera del territorio nacional, consolidándose como un atractivo turístico-cultural de primer orden.

Muestra de Ball Pagès

El ball pagès muestra una dinámica muy particular. La mujer, en el baile, adopta una posición sumisa y ejecuta movimientos circulares mediante pequeños y rápidos pasos, siempre con la mirada dirigida al suelo y los brazos pegados al cuerpo. El hombre, por su lado, adopta un papel mucho más activo y dinámico, realizando grandes saltos en los que alza sus piernas lo máximo posible siempre alrededor de la mujer, a modo de acrobático ritual de cortejo. Los danzantes nunca se darán la espalda mientra dure el baile y el hombre en ningún momento apartará su mirada sobre la mujer. Al tiempo que ejecuta sus potentes saltos alrededor de su compañera, el ballador ocupará sus manos tocando las castanyoles, hermosos instrumentos tallados en madera de enebro y de grandes dimensiones, que aportan un gran sonoridad al ritual.

Muestra de Ball Pagès

Hay dos modalidades básicas de ball pagès: la curta y la llarga. La primera tiene un ritmo más pausado y una duración breve y solían iniciarla los mayores, como preludio de la fiesta. La segunda, como su nombre indica, es de mayor duración y mucho más vigorosa por parte del hombre, que se acerca y se aleja de la mujer a medida que esta incrementa las espirales de su recorrido. Hay variantes, como sa filera, en la que el hombre baila con tres mujeres, o las nou rodades (o dotze rodades) en la que los bailadores no saltan sino que se deslizan y la coreografía varía notablemente. Actualmente también se crean variantes a partir de nuevas interpretaciones del baile realizadas por las diversas agrupaciones folklóricas de la isla.

Por su parte, la música que acompaña el ball pagès, muy marcada por su potente percusión, es creada por las castañuelas (una con un sonido más grave que la otra), el tambor y la flaüta (flauta de madera típica de Ibiza) a los que se añade el espasí (espada metálica que se usa de base de percusión) cuando se interpreta la modalidad de caramelles, el canto ancestral que en Ibiza se escucha en época navideña.

El ball pagès sirve también como pretexto para que los participantes exhiban su mejores galas. El hombre suele vestir fajín rojo y camisa y pantalón blancos, coronando su cabeza con una boina roja, muy similar a la barretina. Suele llevar un chaleco negro y un pañuelo de color amarillo. El vestido de la mujer, por su lado, es espectacular y se compone de amplias faldas compuestas por varios refajos y puntillas. Se acompaña de un jubón y un pañuelo de encaje en la cabeza. Y, por encima de todo ello, el complemento por excelencia: la emprendada, el exclusivo conjunto de joyas que la mujer exhibía como muestra de status social. El oro, la plata, el nácar y el coral rojo se combinan en piezas de delicadas formas ejecutadas con maestría artesanal.

La emprendada ibicenca

Actualmente el ball pagès disfruta de una época dorada gracias a la pasión y dedicación que las nuevas generaciones de balladors y sonadors han puesto en la difusión de este rico patrimonio cultural. El municipio de Sant Josep tiene el privilegio de contar con tres colles (agrupaciones) que lo promueven y difunden a través de múltiples eventos dentro y fuera de nuestras fronteras: la colla del Grup Folklòric Sant Josep de sa Talaia, la colla de Sant Jordi y la colla des Vedrà.

El Grup Folklòric Sant Josep de sa Talaia inició su andadura en 1980 y se ha orientado a la recuperación de las fiestas populares y a transmitir a los más jóvenes las costumbres heredadas de los mayores. Ha participado en festivales nacionales e internacionales (Francia, Sueca, Bélgica, Inglaterra, Portugal).

La colla de Sant Jordi (Grup Folklòric Sant Jordi de ses Salines) se creó en 1982 con el fin de investigar, recuperar, enseñar, divulgar y fomentar las costumbres y el folclore ibicenco. Cuenta con unos 60 miembros entre balladors y sonadors (músicos). Organiza cursos para la confección de prendas e instrumentos típicos, así como charlas y clases para difundir costumbres y tradiciones de la isla. Ha participado en diversos festivales nacionales e internacionales (Alemania, Chipre, Portugal, Francia, Suiza, Austria).

Muestra de Ball Pagès en la iglesia de Sant Agustí

La Colla des Vedrà, por su lado, se constituyó en Sant Agustí en 1981 para preservar la herencia cultural transmitida por las generaciones precedentes y promover su difusión entre los jóvenes y el público en general. Desde su creación, el grupo ha utilizado el baile, la música, los trajes y los instrumentos como punto de partida para la divulgación de la cultura y la tradición ibicenca, realizando una intensísima agenda anual de cursos, encuentros, concursos, eventos y festivales.